Dos Lovecrafts jugables

Cthulhu Saves the World (Xbox Live Indie Games, Steam. Zeboyd Games. 2010) – por Manu Gabaldón

Para alguien tan ajeno al fenómeno Lovecraft como servidor siempre es de buen recibo la oportunidad de acercarse a los Mitos de formas más o menos ligeras. Vamos, que se dejan en la puerta la demencia y la oscuridad que caracterizan a los relatos para ir directos a la explotación mas descarada de la imaginería que los rodea. Entre mis favoritos se encuentran el especial Planetary/The Authority: Ruling The World, en el que Warren Ellis nos mostraba al autor de Providence es su vena más racista y desquiciada tras la visión de La Sangría, y el monérrimo Cthulhu Saves the World, aproximación más que libre en clave de rolazo de 16 bits a este popular icono del terror. El punto de partida nos deja un Cthulhu sin poderes y con el objetivo de recuperarlos a base de hacer el bien a lo largo y ancho de un mundo que planea destruir en cuanto pueda.

Un monstruo cargado de sarcasmo, una princesa groupie, toneladas de humor y una cuarta pared más que flexible protagonizan este RPG de envoltura retro que se completa en dos tardes, una duración más que prudente por la que nadie va a levantar sus antorchas si el final no es de su agrado. Sin embargo, su tono y su duración esconden decisiones muy acertadas sobre el diseño de rolazos, lo que lo convierte en una apuesta atractiva para fans del género que quieren ver algo nuevo sin tener que sacrificar sus compromisos familiares. Y si aún así no quieren sacar la calderilla del bolsillo para jugarlo en su casa, no lo pierdan de vista, que pronto estará disponible en sus teléfonos. Avisados están : https://www.youtube.com/watch?v=7vOkX1ylMy8

Alone in the Dark (Varias plataformas. Infogrames y otros . Serie. 1992-2008) – por John Tones

ALONE

Perderse en las referencias a Lovecraft de la serie Alone in the Dark es perderse un poco también el encanto de una franquicia genuinamente posmoderna y que oscila coquetamente entre el guiño respetuoso y el pastiche desenfrenado. Para una saga que ha declarado su amor a los clásicos más respetados de la literatura de género (Lovecraft y Poe en cabeza, por supuesto), pero también a los visionarios modernos (como puede ser la imaginería de H.R. Giger), y al pulp de género más selecto de todas las épocas (de las historias de pistoleros fantasmas a los detectives sobrenaturales tipo Harry Dickson), descifrar su puzzle de referencias es no atender demasiado a su gran logro: la creación de una atmósfera que suena teatral y falsa a la vez que honesta y sinceramente aterradora.

Por eso, no importa demasiado que la primera entrega sea un cóctel loquísimo de las neurosis de Poe en el argumento (La caída de la casa Usher en cabeza, claro) y referencias explícitas a Lovecraft en los nominativos (de libracos como el Necronomicon y el De Vermis Mysteriis al apellido del protagonista, Carnby, que hace referencia al relato del lovecraftniano Clark Ashton Smith El retorno del brujo, pasando por apuntes también explícitos a los Profundos y otras criaturas que trufan la mitología del autor). Tampoco importa que el juego haga referencia a Lord Boleskine (personaje de Shadow of the Comet, una aventura gráfica de Infogrames, esta sí, abiertamente inspirada en los mitos) o que después de una relación más dispersa con Lovecraft, la serie volviera por los derroteros que nos interesan con el estupendo Alone in the Dark: The New Nightmare o el hórrido Alone in the Dark de 2008.

Lo importante es que todos ellos, citas aparte, entienden que Lovecraft, pese a su mitología desbordada y sus monstruos inasibles, era el autor de lo que no se ve, no se describe y casi, casi, no se percibe ni se siente. Por eso Alone in the Dark son los juegos de lo oculto y la penumbra, aventuras en las que descubrir no siempre significa sacar a la luz. Por eso, Alone in the Dark son los juegos lovecraftnianos perfectos.

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